Bucarest se ganó su apodo hace un siglo, y la esencia sigue intacta: el Ateneo, los grandes bulevares, los jardines. Lo nuevo es todo lo que hay entre medias: café de especialidad en villas restauradas, bares de vino natural en el casco antiguo y una infraestructura de congresos que convierte a la ciudad en una seria candidata MICE.
Nuestros programas urbanos mezclan los iconos con los patios que nunca encontraría por su cuenta, y cada itinerario termina con una cena en un lugar al que llevaríamos a nuestras propias familias.


